Dionisos es más que el dios del vino y la fertilidad. Viniendo de la antigua Lidia y  siendo un dios extranjero para los griegos, Dionisos es uno de los seres divinos más enigmáticos: su alegría es oscura, su belleza es misteriosa y, entre tantas cosas, es un dios cuyo culto era celebrado especialmente por las mujeres, cuyas seguidoras más fieles, aquellas que guardaban sus misterios, eran llamadas las bacantes. Dionisos era igualmente el dios de la liberación de lo femenino. Pero esa liberación no podía ser representada sino trágicamente, así lo confirma la propia tragedia de Eurípides.

También es cierta la famosa frase de Marx, “la historia se repite dos veces, una como tragedia, otra como parodia”. La parodia de Garrido es, no obstante, más que la mera imitación burlesca de estos personajes trágicos. Se trata en su trabajo, por el contrario, de mostrar la posibilidad de un feminismo de segundo grado, un feminismo aún crítico del propio feminismo. Pues en este proyecto difícilmente veamos una expresión femenina tratando de escapar de los arquetipos “patriarcales” o machistas, de los supuestos roles a los cuales la mujer ya no está condenada desde hace décadas. Se trata de ir más allá de la mujer. Es una liberación de la propia feminidad de todos los campos de su identificación.  La mujer es retratada no como un sujeto que aspira a la emancipación, sino como una fuerza liberada luchando en el contexto de una situación de miseria y violencia generalizada. Las bacantes siguen aquí siendo fieles seguidoras de Dioniso, quien busca siempre mantener vivo el deseo de los seres humanos, aún cuando el poder de los tiranos quiera destruirlo. Por esta razón, la mujer como género pareciera una ironía de la cual se burlan las mujeres reales. La verdad es una mujer y por ello ríe, pensaba Nietzsche, y eso es lo que vemos en estas imágenes de Gala Garrido: la crueldad de la verdad contra la falsa piedad de los poderosos. 

Erik Del Bufalo /  Julio 2016